Las transiciones de la vida

Las transiciones de la vida
Viernes, 29 de febrero de 2008

La vida es un constante fluir del tiempo. Pasamos de la niñez a la adolescencia, de la adolescencia a la juventud, de la juventud a la adultez, y de la adultez a la vejez. Estas son etapas naturales y las vivimos casi sin darnos cuenta.

Sin embargo, hay otras transiciones en la vida, que nos pueden causar más estrés o ansiedad. Por ejemplo, cuando terminamos una carrera y nos graduamos, y pasamos de ser estudiantes a ser profesionales; cuando tenemos un hijo y pasamos de ser hijos a ser padres; cuando nos casamos y pasamos de ser solteros a ser casados; cuando nos jubilamos y pasamos de ser profesionales a jubilados. En estos casos, cada uno de nosotros se adapta a su nuevo rol, de una manera distinta, dependiendo de nuestras experiencias pasadas, de nuestra personalidad, de nuestro ambiente, y del soporte emocional que tenemos.

Todavía hay otras transiciones que pueden crear más ansiedad; éstas incluyen el cambio de carrera, de profesión, de trabajo, de pareja, separación, divorcio, mudanza o muerte de un ser querido. Estas transiciones pueden ser vividas como algo traumático, o no, dependiendo de cómo el individuo las interpreta. Así, por ejemplo, una persona que pierde su trabajo, puede concentrarse en sus sentimientos de angustia, tristeza, o ira , o puede pensar más positivamente, que ésta es una oportunidad para conseguir algo mejor. Una mudanza puede poner a una familia muy triste, pues extrañarán a sus vecinos, y la rutina diaria que tenían, pero es también una oportunidad de conocer un barrio nuevo, y hacerse de nuevos amigos y vecinos.

Hay un refrán que dice que “el hombre es un animal de costumbre” y a las personas no les gustan los cambios.

Las transiciones a veces nos dan miedo, y nos sentimos inseguros, sin saber si nos adaptaremos al cambio o no.

Sin embargo, el hombre tiene, al mismo tiempo, una enorme capacidad de adaptación, que muchas veces no tomamos en consideración. La mente del hombre puede adaptarse a innumerables circunstancias.

Ante un cambio inminente, el individuo debe pensar en las ventajas que el cambio aportará, cómo puede ayudarse a sí mismo a adaptarse a éste, debe confiar que tiene dentro de sí todo lo necesario para ser exitoso en esta transición, debe recordarse a sí mismo que la vida es un constante fluir, y debe esperar lo mejor de la situación.

Recuerde que todo cambio puede ser positivo; todo depende si lo vemos como una “oportunidad”, o como una “sentencia”.

La vida no puede detenerse; y su fluir trae aparejados cambios constantes.