El camino de la vida

El camino de la vida
Viernes, 21 de septiembre de 2007

 Cuando era pequeña, solía pensar que la vida era algo así como un triángulo; se nace, se vive y se muere. Concepto sencillo para una mente sencilla. A medida que fueron pasando los años, mi concepto sobre la vida ha cambiado de modo significativo.
Me gusta pensar que la vida es un “largo camino”, que nos conduce a alguna parte. Pero no es un camino recto. Hay veces que encontramos desvíos, hay laberintos, rutas inesperadas, ríos que cruzar y montañas que escalar.
El camino de la vida es un misterio, y no lo conocemos hasta que lo caminamos. Hay encrucijadas que nos desorientan, hay paredes que nos detienen, hay pozos donde nos podemos caer. A veces el camino se torna rocoso, confuso y no sabemos hacia donde dirigirnos.
Además de ser un camino, la vida es también una constante fuente de sorpresas. Las sorpresas inesperadas son a veces muy buenas, y a veces un reto. En este sentido, la vida puede considerarse como una aventura; nunca sabemos lo que se nos presentará. La vida no es predecible ni consistente.
¿Cómo hacemos para ir por la vida, sin caernos en los pozos, sin darnos contra las paredes, sin ahogarnos en los ríos, y siendo capaces de escalar las montanas? Tal vez pensemos que no disponemos de las herramientas para defendernos de esos percances en el camino, y tal vez es cierto que no nacemos con ellas; pero ¿quién nos dice que en este camino tenemos que resolver todo solos?.
Hay personas que aparecen en nuestra vida, que tal vez pueden ayudarnos a cruzar los ríos, o nos pueden dar alguna idea de como hacerlo; hay otras que nos pueden decir lo que a ellos los ayudó, cuando encontraron el mismo camino rocoso; hay información que nos puede abrir la mente a otras posibilidades.
Cuanto más pensamos que la vida es un camino directo hacia una meta, mas desilusionados estaremos de nuestra experiencia, viviéndola. Cuanto más pensamos que el camino debe ser recto, liso, plano, sin retos ni complicaciones, más difícil será afrontar estos retos. Nuestra mente tiene que estar abierta a la posibilidad de un camino imperfecto.
En este largo camino, es importante recordar que nosotros lo que no podemos controlar, son los obstáculos que se nos presentan en el camino; sólo podemos aprender a evadirlos, o afrontarlos de una manera u otra. No es posible evitar todo percance que se nos presente en la ruta; algunos deberán ser afrontados. Si evitamos todos los obstáculos inesperados, nunca desarrollaremos la capacidad de solucionarlos. Cuantos más retos afrontemos, más experiencia tendremos de afrontar nuevos retos en el futuro. Una vez que cruzamos un río, el tener que cruzar otro se hace mas fácil.
No camine el camino de la vida esperando un paseo sin dificultades. Piense que cada piedra, cada percance que se nos presenta es una oportunidad para hacernos más fuertes y permitirnos llegar a esas misteriosas metas que nos esperan al final del camino.